lunes, 12 de mayo de 2014

Machirulosexualidad como nueva orientación

La sociedad no sólo decide que por ser maricón eres menos hombre, sino que además también decide que los gays tienen que responder al típico tópico de la pluma. ¿Desde cuando las corridas de todos y un buen coñac son incompatibles con las noches en chueca? Me llamo Gayetano Rivera Ordóñez y creo que las mujeres deberían vivir en la cocina, eso sí, en mi cama prefiero la carne.


Hemos diseñado una sociedad que marca y nos clasifica en estereotipos. Estereotipos que, en el momento en el que decides salirte de ellos también tienes que prepararte para “pertenecer” a una minoría. Es precisamente, el miedo o el rechazo a tener que pertenecer a esas minorías y que te encasillen, lo que hace que renunciemos a nuestra liberta y a mostrarnos como realmente somos para complacer a los que nos rodean.

Una de las consecuencias de lo citado en el párrafo anterior, es su efecto en la comunidad gay. Precisamente este colectivo, que ha sido perseguido y a día de hoy lo sigue siendo, muchas veces se ha visto en la tesitura de esconder su verdadera orientación sexual por no verse rechazado por su entorno. Y qué mejor manera  que “disimular” su sexualidad resaltando las características más intrínsecas asociadas a los roles de género de una sociedad heteronormativa y heteropatriarcal.

Lo más común es ver por la calle a gays afeminados y con mucha pluma, que muchas veces se ven obligados a esconder esos rasgos para que no les encasillen en una orientación sexual determinada. Pero, ¿por qué no gays que aman el fútbol, los toros, ver Intereconomía o incluso machistas? La feminidad y la pluma son construcciones sociales que tienen su origen en el binarismo de género, es decir, están asociados a los prototipos ideales de hombre y de mujer. Un hombre siempre tendrá que responder al ideal de fuerte y dominante, mientras que una mujer siempre será la débil y sumisa.

Está claro que el ser gay masculino no está tan “castigado” socialmente como la plumofobia, porque vivimos en una sociedad patriarcal en la que los roles de género (y lo que les rodea) están muy marcados y arraigados. Lo que sí es verdad es que en ambos casos, gozan de mayor visibilidad que otros miembros de la comunidad LGTB como las lesbianas, otra causa, de vivir en una sociedad “gobernada” por hombres.

En cualquier caso, y aunque aún quedan muchas corridas (de toros) por conquistar con la bandera multicolor, poco a poco vamos cambiando las estructuras impuestas por la sociedad. Consiguiendo así un entorno donde cualquiera puede definirse como lo que siente sin tener que depender de las construcciones de género o sexo. Algo que gracias al transfeminismo se está empezando a derribar.






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