La sociedad no sólo decide que por ser maricón eres menos
hombre, sino que además también decide que los gays tienen que responder al
típico tópico de la pluma. ¿Desde cuando las corridas de todos y un buen coñac
son incompatibles con las noches en chueca? Me llamo Gayetano Rivera Ordóñez y
creo que las mujeres deberían vivir en la cocina, eso sí, en mi cama prefiero
la carne.
Hemos diseñado una sociedad que marca y nos clasifica en
estereotipos. Estereotipos que, en el momento en el que decides salirte de
ellos también tienes que prepararte para “pertenecer” a una minoría. Es
precisamente, el miedo o el rechazo a tener que pertenecer a esas minorías y
que te encasillen, lo que hace que renunciemos a nuestra liberta y a mostrarnos
como realmente somos para complacer a los que nos rodean.
Una de las consecuencias de lo citado en el párrafo
anterior, es su efecto en la comunidad gay. Precisamente este colectivo, que ha
sido perseguido y a día de hoy lo sigue siendo, muchas veces se ha visto en la
tesitura de esconder su verdadera orientación sexual por no verse rechazado por
su entorno. Y qué mejor manera que
“disimular” su sexualidad resaltando las características más intrínsecas
asociadas a los roles de género de una sociedad heteronormativa y
heteropatriarcal.
Lo más común es ver por la calle a gays afeminados y con
mucha pluma, que muchas veces se ven obligados a esconder esos rasgos para que
no les encasillen en una orientación sexual determinada. Pero, ¿por qué no gays
que aman el fútbol, los toros, ver Intereconomía o incluso machistas? La
feminidad y la pluma son construcciones sociales que tienen su origen en el
binarismo de género, es decir, están asociados a los prototipos ideales de
hombre y de mujer. Un hombre siempre tendrá que responder al ideal de fuerte y
dominante, mientras que una mujer siempre será la débil y sumisa.
Está claro que el ser gay masculino no está tan “castigado”
socialmente como la plumofobia, porque vivimos en una sociedad patriarcal en la
que los roles de género (y lo que les rodea) están muy marcados y arraigados.
Lo que sí es verdad es que en ambos casos, gozan de mayor visibilidad que otros
miembros de la comunidad LGTB como las lesbianas, otra causa, de vivir en una
sociedad “gobernada” por hombres.
En cualquier caso, y aunque aún quedan muchas corridas (de
toros) por conquistar con la bandera multicolor, poco a poco vamos cambiando
las estructuras impuestas por la sociedad. Consiguiendo así un entorno donde
cualquiera puede definirse como lo que siente sin tener que depender de las
construcciones de género o sexo. Algo que gracias al transfeminismo se está
empezando a derribar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario