Ya no recuerdo la primera vez que, al grito de “¡Maricón de mierda!”, me empujaron y caí al suelo. Tampoco recuerdo la primera vez que entendí que intentar huir de esa palabra no era la solución. Maricón es despectivo, sí, por ellxs, por los que creen que sexualidad y género van en el mismo paquete. Mi argumento no era decir “No me gustan los hombres”, no querían escucharme, eso era un dato menor. Sabían perfectamente que me había liado con chicas, era esa nueva forma de masculinidad la que no entendían y castigaban. Mi nombre es Adana, a veces, Evo, y reivindico la palabra maricón, aunque no sea gay.
